lunes, 24 de mayo de 2010

Mal de Ojo. Cap 1


**Para todos aquellos que disfrutan de las lindas noches en este Santiago nuestro, para aquellos que piensan que ser atacados por un malhechor es lo peor que podría pasarles al caminar de noche por las calles de nuestro hermoso Santiago.**

Caminaba por la calle del sol con mi habitual paso doble, me sentía confundido respecto a la hora y la fecha, razón por la cual, a pesar de que ansiaba llegar a mi casa para probar los nuevos utensilios de dibujo que acababa de comprar en la “Artística Española”, decidí detenerme a preguntar la hora casualmente frente al “Mercado Modelo, en segundos obtuve un tour gratis sobre el funcionamiento de varios modelos de relojes, dirigido por uno de los vendedores que se lanzan sobre cualquier cliente potencial, como una manada de presidiarios sobre un jovencito recién llegado, entre su afanado intento de venderme uno de aquellos relojes pude aclarar mis dudas temporales, eran las 5:26PM del día 21 de junio de un año que no viene al caso, aquella tarde plasmaba en las paredes de los edificios con tinta de fuego, su orgullo por ser la tarde más larga del año, y fue ese mismo día que perdí toda posibilidad de tener en mi vida paz y felicidad.

Me disponía a salir del lugar, cuando sentí una manito agarrarme por un dedo y al mirar abajo me encontré con los ojos llorosos de una niñita haitiana que trataba de guiarme por un estrecho pasillo del mercado, la seguí sin resistirme, como si estuviese siendo empujado por una enorme curiosidad, cosa que no es propia de mi. Sin darme cuenta ya habíamos atravesado aquel pasillo y estábamos en medio de una especie de tienda pequeña, nunca había estado en un lugar así; las paredes estaban adornadas con varios cuadros de Santos, en el techo –que no era muy alto- habían ramos de diferentes clases de arboles colgando, de los cuales solo pude identificar una penca de sábila que colgaba justo detrás de la entrada principal por encima de una herradura que estaba clavada a la pared, varias estanterías repletas de objetos extraños le daban al lugar una extrema apariencia de desorden y caos, me dispuse a analizar aquella variada y poco usual “mercancía”, no sin antes notar que para ese momento estaba solo en la habitación, no me había percatado del momento en que la niña soltó mi dedo, sentí en las manos un enorme frio que luego se apodero de todo mi cuerpo, un olor fuerte y molesto inundaba la pequeña tienda, empecé a sentir pánico, creí haber oído gritos, creí haber visto como los santos se burlaban de mí, no había espacio para correr y el pasillo por el que había llegado no lo veía por ningún lado, estaba a punto de gritar por ayuda cuando una voz proveniente de mis espaldas me hiso darme cuenta de lo poco resistente que es mi vejiga, giré despacio -con más miedo que vergüenza- al mismo ritmo del liquido calientito que bajaba placenteramente por mis piernas, y allí estaba la causante de mi sobresalto; una anciana mas prieta que mi difunta bisabuela quien era tan negra que la llamábamos mamá carbonera, la viejita que estaba envuelta en trapos tenía su mano extendida ofreciéndome una hoja de yerbabuena, en su rostro un gesto que se me hacía difícil calificar de sonrisa debido a que en su boca no quedaban ni siquiera rastros de que una vez hubo dientes ahí, ella terminó de recitar unas palabras que no entendí sino hasta varios meses después, lamentablemente está estrictamente prohibido difundir ese idioma entre las personas que no estén estrechamente ligados a estas “Artes”, pero si tuviera que traducírselas lo más aproximado sería “bienvenido a esta Botánica, donde todo el que lleva deja”.

Botánica, así le llaman a esos lugares que actualmente visito con frecuencia, pero que en esa época de mi vida no tenía ni idea de que existiesen, a decir verdad, no tenía idea de que existiesen varias cosas que ahora me son totalmente familiares. Y allí estaba yo, en medio de aquella Botánica, rodeado por cientos de objetos que iban desde pezuñas de animales, dientes, collares, frascos con líquidos de apariencia dudosa, una colección de órganos quien sabe de que o quien, en fin todo un compendio de rarezas que, créanlo o no, todos tienen alguna función y algunos de ellos tienen varias. La vieja Bruja, me habló en un español (más creole que español) que entendí gracias a que todos mis sentidos se habían agudizado a tope debido al enorme susto que había pasado, con su acento haitiano me preguntó si deseaba algo de la mercancía, le dije que no y traté de explicarle el motivo casi accidental por el que había llegado a su tienda, a lo que me respondió “eso e´ que tiene buen Yiaku”, dejó de insistirme en que le comprara algo y pasó a pedirme que le diera dinero para alimentar a su nietecita –soy antipático, misántropo, muchas veces inhumano, pero no resisto ver a un niño sufrir- le di todo el dinero que me había sobrado después de la compra y me despedí de ella, la niña, que se había ocultado entre la falda harapienta de la Bruja, se acercó a mi sosteniendo en sus pequeñas manos a Ismael; un feo y desproporcionado muñeco de trapo, con una cabeza hecha de un coquito en el que habían tallado algo parecido a una carita triste. Entonces, yo no sabía que el torpe muñeco se llamaba Ismael, ni siquiera sabía que poseía nombre, mucho menos que tenía alma, así que lo tomé al tiempo que fingía una sonrisa y les daba las gracias, “gracia tu, ei muñeca da buena sueite” gritó la vieja mientras yo me dirigía escéptico como siempre, hacia afuera por el mismo pasillo que había entrado y sentí como si las paredes quisiesen atraparme, apresuré el paso pues la noche empezaba a caer y aquel lugar se había tornado más siniestro de lo que ya es en el día, metí el muñeco en la bolsa junto con mis instrumentos de dibujo y caminé por la calle ´30 de Marzo´ en dirección a mi casa.

“El muñeco da buena suerte”, eso había dicho aquella maldita Bruja minutos antes de que tres maleantes me atracaran en el ´puente seco de las carreras´
-irónicamente, al lado del cuartel general de los bomberos- como ninguna víctima de atraco sale sin premio del evento, uno de ellos me saludo con su puño en mi ojo derecho, mientras que el otro me propinó tremendo golpe en la cabeza con la parte trasera de una pistola, se llevaron mi billetera que solo contenía mis documentos personales, pues el poco dinero que tenia aquel día lo había gastado, parte en los útiles para dibujar que ellos se llevaron en la bolsa junto al feo “muñeco para la suerte” que me regalo la vieja
Bruja haitiana a la que le di la otra parte del dinero.

Llegue a casa y pasé directo al baño, sin dejar que mami viera los golpes q tenia, “qué bueno que no me cortaron” pensé, me di una ducha de esas reconstituyentes y fui directo a la cama, eran las 8.12 cuando vi el reloj al momento que caí rendido al sueño, dormí placenteramente por un aproximado de tres horas, hasta que desperté repentinamente a causa de una terrible pesadilla de la cual les daré detalles luego, estaba exaltado, sentía un terrible frio y una sensación inmensa de que no estaba solo, se escuchaban sirenas y cierto alboroto en la zona, respire profundo por un par de minutos para calmarme y volver a mis cabales, encendí el televisor que casi nunca uso y menos para ver noticias sin embargo estaba sintonizado en el noticiero de “Esteban Rosario” quien ya tenía la primicia de lo que acababa de suceder; tres chicos habían sido brutalmente asesinados, sus cuerpos mutilados a tal punto que era imposible reconocerles, la sangre estaba por todos lados menos sobre una bolsa que contenía artículos para dibujar y una billetera que…

Se fue la lu´, y yo estaba petrificado, esos eran los tipos que me habían asaltado, tardé un rato antes de pararme a encender una vela, y aquel sentimiento de estar siendo observado era cada vez más fuerte y desesperante, a tientas, encontré la caja de fósforos y me avergüenza decir que al encender uno de ellos volví a mojar mis pantalones. Encima del armario, un rostro falso pero de mirada muy real y terroríficamente triste se clavaba directo en mis temerosos ojos, allí sentado estaba quien sería luego conocido como Ismael; el ladrón de mi paz y felicidad, el muñeco de trapo de mi “buena suerte”.

KRLOS

3 comentarios:

shinigamigirl dijo...

chamakito hace tiempo que no cruzaba por aki como va tu vida????

saludos a los demas

judas dijo...

Hola shinigami girl, mi vida, pues esta tomando un rumbo aparentemente bueno, solo espero que no sea algo muy efimero...

shinigamigirl dijo...

me alegro mucho cariño espero que a los demás también les vaya bn